Ninguna mujer está conforme con su cuerpo. O casi ninguna. Al menos la mayoría de las que trato, no. Y me incluyo. Caderas muy anchas, flotadores, panzitas, escasez de busto, son algunas de las quejas más constantes. Hace un tiempo que paseo por blogs ( soy una fanática de los blogs y tb fotologs, mi amor, lo admito) y penetré en un planeta desconocido para mí. Basta con escribir en el buscador la mítica frase que lleva la diosa Angelina en su pelvis "quo me nutrit me destruit" (todo lo que me nutre me destruye, en latín) para obtener la llave de acceso a ese universo paralelo. Un universo cuyos puntos coordenadas son la cuenta de calorías diarias;cuyos paisajes son huesos y caras famélicas; y cuyas habitantes son niñas-mujeres-adolescentes que profesan devoción a Ana y Mía, diosas de su religión. Después de tanto leer y estudiar el asunto pude descubirir la terminología usada por todas ellas: Ana, es anorexia, o persona que la padece; lo mismo sucede con Mía proveniente de buliMIA, y thingspo (abreviatura de thinspiration) es el paradigma, el modelo a seguir, encarnado en figuritas hollywoodenses como Nicole Richie, Victoria Beckham, Angelina Jolie, Kate Moss, Mary Kate Olsen y demases estrellas de turno que se transforman en inspiracion para las pro ana y pro mia. Verdaderos séquitos de la muerte. Un universo escalfriante. Mi investigacion me llevó a conocer a varias de las princess (así se denominan las anas y mias, princesas porque durante su mortífera empresa de bajar kilos ese es elresultado a obtener: ser princesas, seres frágiles, estatuillas de porcelana, que con una simple brisa podrian romperse). Por medio de blogs entré a sus habitaciones, a los baños donde Mia las posee, a sus familias, a sus vidas regidas por Ana. Incluso crearon una suerte de oración a esta deidad de la anorexia. Por mi parte me imagino a Ana bella, malvada, cruel, visualmente como una especie de Maléfica de la bella durmiente de Disney agiornada. Las princesas son chicas, chiquitas lindas, cuya propia belleza no logran ver. El sinónimo de belleza para ellas son huesos y más huesos. Su meta es que sus clavículas se marquen, que los huesos de sus caderas sobresalgan y que sus costillas sean visibles como las piezas de un xilofón. Al un costado de sus sitios webs, aparecen números en escala descendente, y uno de estos números se halla marcado.
55..48...40...39...34... 34 kilos es la meta! Como dije antes, un universo paralelo que nada tiene q ver con el que nos muestra Cielo Latini, una version garage de Emme de barrio cerrado.
¿Y dónde entro yo en esta historia? Entro a partir de mi incomprensión. Peso 50 kilos, mido 1.67, y muero por engordar. Detesto los comentarios: "Ay! que delgadita" "¿Comés bien?" "¿Vos no estás más flaca?" Me sacan de quicio. Más que nada porque hace meses que hago una dietahipercalórica (mala palabra para las "princess", seguro), porq me mato tratando de seguirla, porque cuando ya no tengo hambre, hago la ultima colación del día y no logro subir. De manera que no puedo entender a estas chicas que lloran, se cortan, por haber subido un kilo mientras a mí me cuesta meses ganar medio gramo. Pero tampoco voy a ser hipócrita y decir que es una maldición divina ser delgada. No, es cierto que la ropa sienta bien, que no hay que preocuparse por haber comido de más, que la calle premia la delgadez y la "belleza" por medio de piropos y que está pemitido darse tooodos los gustos gastronómicos. Pero a lo que apunto es a la etiquetación. Sé que más de uno/a que me conoce (en realidad, que NO me conoce) puede llegar a pensar...tan delgadita... será anoréxica?. Y ahi está la cuestión. LA DELGADEZ NO ES SINÓNIMO DE ANOREXIA. En mi caso particular mis padres uno al lado del otro, forman un numero 11, son gente flaca. De manera que mi genética es delgada, mi metabolismo asimila la comida muy bien, y no hay ni un atisbo de anorexia en mí ni en las personas naturalmente delgadas. La manía que tenemos de etiquetar todo lo que esta a nuestro alcance...
Y eso hiere, hiere cuando uno pone su esfuerzo parasubir dos kilos y viene alguna envidiosa con ojeras, más delgada que una misma... y te escupe un: "comé!". Dan ganas de patear todo... pero no se puede ir explicando por la vida lo que uno realmente es y lo que hace... Así que revindico a los que somos delgados naturalmente. Y si alguan princess"" lee esto, chicas, un secreto: siendo flaco no siempre se la pasa bien, o no es
sinónimo de felicidad. Para verse bien de afuera, hay que estar bien por dentro ¿Y quién impone los parámetros de belleza? ¿Qué es ser "lindo" o se "feo"? ¿Quién lo impone? ¿Tinelli, los gatos putones, llenos de cirugías que bailan en sus programas basuras? Hay que estar despierto, no dormise... Lo antinatural no es bello... es efímero... siempre pensé que si llego a la edad madura, jamás pasaría por un quirófano estético. Prefiero ser como Bridggitte Bardot, arrugada, pero con dignidad. No quiero ser esas veijas rídiculas con calzas, y caras todas iguales. Cuando el cuerpo cae, lo levanta el espíritu... pero sí el espíritu caé... quien lo sostiene?
sábado, 20 de septiembre de 2008
martes, 5 de agosto de 2008
A modo de presentación
Nada sucede por casualidad. No es cuestión del azar que el nombre elegido para este blog sea Plegarias Atendidas. La admiración y el factor identificación con Truman Capote está presente, es casi palpable en cada oración que escribo. Tal como el propio Truman consideraba a Proust su mentor, yo considero a Capote el mío. Para dar comienzo a una historia, siempre conviene empezar por el principio. Conocí a Capote (obviamente a través de sus libros, una brecha generacional y geográfica importantes nos separarán siempre) hace casi 5 años. Yo contaba con unos rebozantes 18 y en la biblioteca de mi padre encontré Desayuno en Tiffany´s. Lo devoré, me gustó, pero el final me pareció tibio, incompleto. Desde ya Holly Golightly, su protagonista, me subyugó, pero el libro en conjunto no me perforó el corazón. Pasó a convertirse en una obra más de las que leía para evadirme de mi realidad de ese entonces y quedó enterrada en mi memoria.
Siempre pensé que existe un momento único e inalterable para toparse con una persona, una casa, un trabajo e incluso un libro. Aquel, sin dudas no era mi momento para encontrarme ni con Capote ni con su Desayuno con diamantes. No contaba con las herramientas para apropiarme del texto, hacerlo mío y aún me faltaba bastante camino por transitar. Luego de 4 años, una mudanza traumática, mis constantes "mean reds" (leáse, accesos de ansiedad, así denominados por Holly) y la finalización de una relación calcinada, me sentí en medio de la nada. Nisiquiera contaba con las ganas suficientes para continuar mi carrera de Letras. Pero siempre, incluso en la más absoluta oscuridad, surge un bálsamo que nos hace resurgir de las cenizas cual fénix. Y mi balsámo, mi salvación fue Truman Capote y Desayuno en Tiffany´s. Una tarde fría de abril, mi mamá, a fuerza de sacarme del ostracismo glaciar en el que me hallaba hacía meses, me invitó a jugar unas partidas de Bingo. Para mi sorpresa gané. En realidad, no estaba sorprendida sabía que el viejo refrán: Afortunado en el juego, desafortunado en el amor, iba a cumplirse, tenía que cumplirse. De modo, que una fuerza que aún hoy no logro comprender y que muchos llaman destino, me empujó a una librería cercana e hizo q el dinero de mi premio se fuera en un libro que me guiñaba un ojo desde su estante. Sí, Breakfast at Tiffany´s. A diferencia de la primera vez, en la que yo fui en su búsqueda, la segunda Capote me encontró a mí en ese momento único e inalterable que mencionaba anteriormente, ese momento en que las cosas inexorablemente deben suceder. A partir de ese día, me embarqué en un idilio plátonico con Truman que supongo que durará hasta el último de mis días. Al reencontrarme con Desayuno en Tiffany´s y Holly, volví a reencontrarme conmigo. Ya contaba con los instrumentos, con las vivencias para que la lectura cumpliera una de sus principales funciones: modelar, erosionar la mente y el alma del sujeto lector. Y volvió a intevenir el fantástico y a la vez peligroso factor identificación. Holly era yo, o mejor dicho yo era Holly, o al menos me sentía así. Mi momento epifánico de la lactura, se dio durante esos brillantes monólogos en crudo estilo directo cuando Holly dice: " (...) La solución consiste en saber que nos ocurren cosas buenas, si somos buenos...más que buenos quería decir honestos...Prefiero ser cualquier cosa menos puta, falsa tramposa en cuestión de sentimientos. Prefiero el cáncer antes que un corazón deshonesto, de cáncer se muere a veces, de lo otro siempre(...)". Como suele suceder durante las crisis personales, yo cargaba sobre mi espalda todas las culpas existentes de los problemas que me aquejaban por aquel entonces. Pero este parráfo, representó simbólicamente mi absolución, en pocas palabras, me redimí a mi mísma de los pecados de los que me autoresponsabilizaba. Porque a pesar de mis errores, de mis demonios, de mis traspiés, yo tenía y tengo un corazón honesto. Volví a sentirme en paz. No tuve que pensarlo dos veces, cuando llegó la hora de presentar una monografía final para la materia Teoría Literaria que había cursado el año pasado. El trabajo consistía en un texto a elección el cual debíamos analizar utilizando la teoría que habíamos aprendido durante la cursada. Nuevamente Truman, desde arriba, rodeado de martinis, sentado en una mesa de algún barcito de Lexington Av. con volúmenes de Proust, James y Dickens en su regazo volvía a guiñarme un ojo y acudir en mi ayuda. Mi profesora de Teoría Literaria es una mujer indescriptible... Tengo 22 años y hace 19 que vengo transitando instituciones educativas, métodos de aprendizaje, y profesores... recuerdo los nombres y caras de mis maestros desde jardín de infantes hasta la actualidad, de verdad. Después de tanto conocimiento en la materia, uno como alumno, sabe identificar a un profesor luego de los primeros 5 minutos de clase. Está el profesor que viene a dar clase como a hacer un trámite; está el que descarga sus frustraciones extra escolares en el aula, está el que se encuentra frente a una clase porque no cuenta con otra opción, y la minoría, aquellos que realmente aman lo que hacen. Isabel Vasallo, mi profesora de teoría literaria, se cuenta entre este último grupo. Es una mujer de unos 50 años, con una energía congénita, cuyos ojos destellan al explicar los mundos posibles de Bruner, la poesía de Gelman y el endiablada teoría de los formalistas rusos. Rebalsa pasión, vocación innata por lo que hace, y eso se contagia, se transmite, se absorve. Los que la conocen no me dejarán mentir, ya que es un personaje bastante conocido dentro del mundillo educativo y literario local. Ahora que lo recuerdo, durante el año que cursé con ella, nos puso en contacto con Capote a través de Una hermosa criatura, retrato coloquial, tributo a Marilyn Monroe. De manera, que así me contraba yo: con la monografía sin empezar, y la presión extra, de que Truman y Desayuno en Tiffany´s fueran uno de los autores y las obras predilectas de mi profesora predilecta. El esfuerzo debería ser doble. Mi mente no estaba en su mejor estado para elaborar un trabajo que estuviera dentro de las expectativas. De modo que dejé llevarme más que por el tecnicismo, por la intuición. El resultado me deprimió bastante, a pesar de mis cualidades intuitivas, Isabel me pedía que hiciera unas nimias correcciones. Todavía no comprendo cómo, mis correcciones fueron acertadas y estaba lista para el próximo paso: el coloquio en defensa del trabajo. No sé por qué pero me sentía extremadamente relajada como hacía mucho no me sentía, me veía a mi misma, desde arriba, flotando de espaldas plácidamente en las aguas de un Mar perdido en el mapa, no haciéndo otra cosa que dejándome llevar... El oral con Isabel se asemejó más a una charla de café de dos personas que comparten un mismo objeto de admiración, que el paralizante tete a tete con un profesor en un examen final. El encuentro terminó con un "escribís muy bien para ser tan jovencita... no dejes de leer a Capote" y un triunfal y soberbio 9 que coronó mi trabajo noctámbulo y de cafés dobles. Esa monografía, fue el disparador que ayudó a que me levantara (en el sentido literal de la palabra). La investigación casi de arqueólogo que hice, cambió mi perspectiva, mi rumbo, sin llegar a exageraciones. Zambullirse en un texto, identificar pasajes de este con la facilidad con la que uno identifica calles conocidas, conocer personajes como a uno mísmo no es tarea sencilla. Retorna el factor identificación, simultáneamente fantástico y peligroso: peligroso porque nos colma de subjetividad cegadora y no permite que tengamos un juicio objetivo de la obra; y fantástico porque es esa misma subjetividad la que hace vernos a nosotros en el otro, sentirnos menos solos y, a su vez, sentir al texto nuestro. Todo lo narrado hasta el momento, no deja de ser un episodio anécdotico. En mi caso, pude descubrir que Holly no era solamente una joven frívola apasionada por los diamantes y que Tiffany´s no se erguía como un monumento al snobismo. Tiffany´s constituía el refugio de Holly ante sus episodios de ansiedad, tan conocidos por mí, y por el mismo Capote. Personalmente, aún no he encontrado mi Tiffany´s pero sigo buscándolo. La salvación de una persona, puede adoptar muchas formas, la literatura, maravillosamente, constituye una de ellas. Ni píldoras mágicas, ni pastores brasileros que salen por tv a la madrugada, ni curanderas carentes de piezas dentales y de escrúpulos. En lo personal, mi salvación de aquel entonces tiene un solo nombre: Truman Capote. Y las gracias nunca serán suficientes.
Siempre pensé que existe un momento único e inalterable para toparse con una persona, una casa, un trabajo e incluso un libro. Aquel, sin dudas no era mi momento para encontrarme ni con Capote ni con su Desayuno con diamantes. No contaba con las herramientas para apropiarme del texto, hacerlo mío y aún me faltaba bastante camino por transitar. Luego de 4 años, una mudanza traumática, mis constantes "mean reds" (leáse, accesos de ansiedad, así denominados por Holly) y la finalización de una relación calcinada, me sentí en medio de la nada. Nisiquiera contaba con las ganas suficientes para continuar mi carrera de Letras. Pero siempre, incluso en la más absoluta oscuridad, surge un bálsamo que nos hace resurgir de las cenizas cual fénix. Y mi balsámo, mi salvación fue Truman Capote y Desayuno en Tiffany´s. Una tarde fría de abril, mi mamá, a fuerza de sacarme del ostracismo glaciar en el que me hallaba hacía meses, me invitó a jugar unas partidas de Bingo. Para mi sorpresa gané. En realidad, no estaba sorprendida sabía que el viejo refrán: Afortunado en el juego, desafortunado en el amor, iba a cumplirse, tenía que cumplirse. De modo, que una fuerza que aún hoy no logro comprender y que muchos llaman destino, me empujó a una librería cercana e hizo q el dinero de mi premio se fuera en un libro que me guiñaba un ojo desde su estante. Sí, Breakfast at Tiffany´s. A diferencia de la primera vez, en la que yo fui en su búsqueda, la segunda Capote me encontró a mí en ese momento único e inalterable que mencionaba anteriormente, ese momento en que las cosas inexorablemente deben suceder. A partir de ese día, me embarqué en un idilio plátonico con Truman que supongo que durará hasta el último de mis días. Al reencontrarme con Desayuno en Tiffany´s y Holly, volví a reencontrarme conmigo. Ya contaba con los instrumentos, con las vivencias para que la lectura cumpliera una de sus principales funciones: modelar, erosionar la mente y el alma del sujeto lector. Y volvió a intevenir el fantástico y a la vez peligroso factor identificación. Holly era yo, o mejor dicho yo era Holly, o al menos me sentía así. Mi momento epifánico de la lactura, se dio durante esos brillantes monólogos en crudo estilo directo cuando Holly dice: " (...) La solución consiste en saber que nos ocurren cosas buenas, si somos buenos...más que buenos quería decir honestos...Prefiero ser cualquier cosa menos puta, falsa tramposa en cuestión de sentimientos. Prefiero el cáncer antes que un corazón deshonesto, de cáncer se muere a veces, de lo otro siempre(...)". Como suele suceder durante las crisis personales, yo cargaba sobre mi espalda todas las culpas existentes de los problemas que me aquejaban por aquel entonces. Pero este parráfo, representó simbólicamente mi absolución, en pocas palabras, me redimí a mi mísma de los pecados de los que me autoresponsabilizaba. Porque a pesar de mis errores, de mis demonios, de mis traspiés, yo tenía y tengo un corazón honesto. Volví a sentirme en paz. No tuve que pensarlo dos veces, cuando llegó la hora de presentar una monografía final para la materia Teoría Literaria que había cursado el año pasado. El trabajo consistía en un texto a elección el cual debíamos analizar utilizando la teoría que habíamos aprendido durante la cursada. Nuevamente Truman, desde arriba, rodeado de martinis, sentado en una mesa de algún barcito de Lexington Av. con volúmenes de Proust, James y Dickens en su regazo volvía a guiñarme un ojo y acudir en mi ayuda. Mi profesora de Teoría Literaria es una mujer indescriptible... Tengo 22 años y hace 19 que vengo transitando instituciones educativas, métodos de aprendizaje, y profesores... recuerdo los nombres y caras de mis maestros desde jardín de infantes hasta la actualidad, de verdad. Después de tanto conocimiento en la materia, uno como alumno, sabe identificar a un profesor luego de los primeros 5 minutos de clase. Está el profesor que viene a dar clase como a hacer un trámite; está el que descarga sus frustraciones extra escolares en el aula, está el que se encuentra frente a una clase porque no cuenta con otra opción, y la minoría, aquellos que realmente aman lo que hacen. Isabel Vasallo, mi profesora de teoría literaria, se cuenta entre este último grupo. Es una mujer de unos 50 años, con una energía congénita, cuyos ojos destellan al explicar los mundos posibles de Bruner, la poesía de Gelman y el endiablada teoría de los formalistas rusos. Rebalsa pasión, vocación innata por lo que hace, y eso se contagia, se transmite, se absorve. Los que la conocen no me dejarán mentir, ya que es un personaje bastante conocido dentro del mundillo educativo y literario local. Ahora que lo recuerdo, durante el año que cursé con ella, nos puso en contacto con Capote a través de Una hermosa criatura, retrato coloquial, tributo a Marilyn Monroe. De manera, que así me contraba yo: con la monografía sin empezar, y la presión extra, de que Truman y Desayuno en Tiffany´s fueran uno de los autores y las obras predilectas de mi profesora predilecta. El esfuerzo debería ser doble. Mi mente no estaba en su mejor estado para elaborar un trabajo que estuviera dentro de las expectativas. De modo que dejé llevarme más que por el tecnicismo, por la intuición. El resultado me deprimió bastante, a pesar de mis cualidades intuitivas, Isabel me pedía que hiciera unas nimias correcciones. Todavía no comprendo cómo, mis correcciones fueron acertadas y estaba lista para el próximo paso: el coloquio en defensa del trabajo. No sé por qué pero me sentía extremadamente relajada como hacía mucho no me sentía, me veía a mi misma, desde arriba, flotando de espaldas plácidamente en las aguas de un Mar perdido en el mapa, no haciéndo otra cosa que dejándome llevar... El oral con Isabel se asemejó más a una charla de café de dos personas que comparten un mismo objeto de admiración, que el paralizante tete a tete con un profesor en un examen final. El encuentro terminó con un "escribís muy bien para ser tan jovencita... no dejes de leer a Capote" y un triunfal y soberbio 9 que coronó mi trabajo noctámbulo y de cafés dobles. Esa monografía, fue el disparador que ayudó a que me levantara (en el sentido literal de la palabra). La investigación casi de arqueólogo que hice, cambió mi perspectiva, mi rumbo, sin llegar a exageraciones. Zambullirse en un texto, identificar pasajes de este con la facilidad con la que uno identifica calles conocidas, conocer personajes como a uno mísmo no es tarea sencilla. Retorna el factor identificación, simultáneamente fantástico y peligroso: peligroso porque nos colma de subjetividad cegadora y no permite que tengamos un juicio objetivo de la obra; y fantástico porque es esa misma subjetividad la que hace vernos a nosotros en el otro, sentirnos menos solos y, a su vez, sentir al texto nuestro. Todo lo narrado hasta el momento, no deja de ser un episodio anécdotico. En mi caso, pude descubrir que Holly no era solamente una joven frívola apasionada por los diamantes y que Tiffany´s no se erguía como un monumento al snobismo. Tiffany´s constituía el refugio de Holly ante sus episodios de ansiedad, tan conocidos por mí, y por el mismo Capote. Personalmente, aún no he encontrado mi Tiffany´s pero sigo buscándolo. La salvación de una persona, puede adoptar muchas formas, la literatura, maravillosamente, constituye una de ellas. Ni píldoras mágicas, ni pastores brasileros que salen por tv a la madrugada, ni curanderas carentes de piezas dentales y de escrúpulos. En lo personal, mi salvación de aquel entonces tiene un solo nombre: Truman Capote. Y las gracias nunca serán suficientes.
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